Hay decisiones de diseño que marcan un antes y un después.
Después están las que marcan un antes y un desastre.
Los errores de diseño de logos pueden parecer una cuestión puramente estética. Sin embargo, muchas veces esconden un problema mucho más importante: no entender qué hace reconocible a una marca.
Un logo puede ser moderno, minimalista y técnicamente impecable.
Aun así, puede no funcionar.
Para entenderlo mejor, vamos a ver tres casos conocidos: Kia, Tropicana y Gap.
Son tres marcas enormes.
Además, son tres rediseños muy diferentes.
Precisamente por eso, también nos dejan tres lecciones que cualquier negocio debería tener en cuenta antes de cambiar su identidad visual.
1. Kia: cuando el logo parece decir otra cosa
En 2021, Kia presentó una nueva identidad visual con un logotipo más moderno, minimalista y construido mediante un trazo continuo.
Sobre el papel, el planteamiento tenía sentido.
Sin embargo, el problema apareció cuando muchas personas intentaron leerlo.
En lugar de identificar claramente las letras K-I-A, algunos usuarios interpretaban el símbolo como “KN”. De hecho, análisis posteriores de búsquedas mostraron un aumento notable de consultas relacionadas con “KN car”. (rerev.com)
¿Significa esto que el logo de Kia sea un fracaso?
No necesariamente.
Ahora bien, sí demuestra un problema interesante de diseño:
un logotipo puede ser visualmente atractivo y, al mismo tiempo, generar confusión.
Cuando una marca tiene millones de vehículos circulando por las calles, la legibilidad deja de ser un detalle menor.
Pasa a formar parte de la identidad.
La lección de Kia
La simplificación puede funcionar.
De hecho, eliminar elementos suele ayudar a conseguir una identidad más clara.
El problema aparece cuando quitamos tanta información que el público tiene que descifrar qué está viendo.
Por eso, antes de aprobar un logotipo conviene hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Se entiende qué marca es sin que nadie tenga que explicarlo?
Si la respuesta es no, quizá hemos simplificado demasiado.
2. Tropicana: cuando cambiar demasiado hace desaparecer la marca
En 2009, Tropicana decidió rediseñar el packaging de su gama Pure Premium.
La compañía sustituyó uno de sus elementos más reconocibles —la naranja atravesada por una pajita— por una imagen mucho más genérica de un vaso de zumo.
Además, también modificó otros elementos visuales del envase.
La intención era modernizar la marca.
El resultado fue bastante diferente.
Durante el periodo en el que estuvo implantado el nuevo diseño, las ventas de Tropicana Pure Premium cayeron aproximadamente un 20 %. Un estudio publicado posteriormente estimó que el rediseño tuvo un impacto de unos 27 millones de dólares. (sciencedirect.com)
Poco después, Tropicana decidió recuperar el packaging anterior.
¿Qué había ocurrido?
El nuevo diseño podía resultar más limpio.
Sin embargo, había eliminado algunos elementos que ayudaban a los consumidores a reconocer rápidamente el producto en el supermercado.
Y ahí está el problema.
Una marca no empieza de cero cada vez que rediseña su imagen.
Tiene años de recuerdos, asociaciones y códigos visuales acumulados.
La lección de Tropicana
No todo lo antiguo necesita desaparecer.
Antes de rediseñar una marca, conviene identificar qué elementos tienen valor para el público.
Puede ser un color.
También puede ser una forma, una tipografía o un símbolo.
Incluso una combinación concreta de varios elementos puede convertirse en parte del reconocimiento de una marca.
Por tanto, el objetivo de un rediseño no debería ser borrar la memoria de la marca.
Debería ser evolucionarla sin destruir aquello que la hace reconocible.
3. Gap: el logo que duró seis días
Si hablamos de errores de diseño de logos que se convirtieron en un caso de estudio, es imposible no mencionar a Gap.
En octubre de 2010, la compañía presentó un nuevo logotipo que sustituía su conocido cuadrado azul por una propuesta mucho más sencilla.
Las letras de Gap aparecían en negro junto a un pequeño cuadrado azul.
La intención era modernizar la marca.
Sin embargo, la reacción del público fue inmediata.
En pocos días aparecieron críticas, parodias y protestas en redes sociales. Finalmente, Gap anunció que recuperaría su antiguo logotipo.
El nuevo diseño había durado aproximadamente seis días. (theguardian.com)
La propia compañía reconoció posteriormente que no había gestionado el proceso de la manera adecuada y que había perdido la oportunidad de involucrar a su comunidad. (theguardian.com)
Por eso, aquí aparece una cuestión especialmente interesante.
El problema no fue únicamente el logo.
También tuvo mucho que ver cómo se presentó el cambio.
Una marca con décadas de historia no puede tratar su identidad como si fuera simplemente cambiar una foto de perfil.
¿Qué tienen en común estos errores de diseño de logos?
Kia, Tropicana y Gap son casos completamente diferentes.
Uno afecta a la legibilidad.
Otro afecta a la identificación del producto.
Finalmente, el caso de Gap pone sobre la mesa la relación entre una marca y su público.
Sin embargo, los tres ejemplos tienen algo en común:
el diseño no puede analizarse únicamente desde la estética.
Un logo no existe en una mesa de trabajo.
Existe en la cabeza de las personas.
Aparece en una fachada, una tarjeta, una web, un vehículo, un envase, una camiseta o una pantalla de móvil.
Además, aparece acompañado de años de experiencias con una marca.
Un logo no es solo un dibujo
Un logo es una herramienta de reconocimiento.
Ayuda a identificar una empresa y, al mismo tiempo, a diferenciarla de otras.
Por eso, antes de rediseñarlo, hay que entender qué está funcionando actualmente.
La pregunta no debería ser:
«¿Cómo hacemos este logo más moderno?»
En cambio, debería ser:
«¿Qué necesita cambiar y qué necesitamos conservar?»
La diferencia parece pequeña.
Sin embargo, puede cambiar completamente el resultado.
Los 5 errores más habituales al diseñar o rediseñar un logo
Los grandes casos de estudio también sirven para detectar errores que pueden aparecer en marcas mucho más pequeñas.
1. Diseñar pensando solo en las tendencias
Lo que hoy parece moderno puede parecer completamente desfasado dentro de unos años.
Por eso, un buen logo necesita tener personalidad propia y no parecer una copia de la tendencia de turno.
2. Confundir minimalismo con simplificación excesiva
Eliminar elementos puede mejorar un diseño.
Aun así, eliminar los elementos que aportan reconocimiento puede hacer exactamente lo contrario.
La simplicidad tiene sentido cuando mejora la comunicación.
3. Olvidar la legibilidad
Un logo puede funcionar perfectamente en una presentación enorme y fallar por completo cuando aparece a 30 píxeles.
Por esta razón, hay que probarlo en diferentes tamaños y soportes.
4. Ignorar el reconocimiento de marca
Cuando una empresa lleva años utilizando determinados códigos visuales, esos elementos pueden tener mucho más valor del que parece.
Antes de eliminarlos, conviene saber qué significan para el público.
5. Pensar que un logo es toda la marca
Un logo es importante.
Sin embargo, una marca es mucho más.
Incluye colores, tipografías, tono de comunicación, fotografías, aplicaciones, experiencias y todos los puntos de contacto con el público.
Por tanto, cambiar el logo no soluciona automáticamente un problema de branding.
Entonces, ¿hay que tener miedo a rediseñar un logo?
No.
De hecho, una marca puede necesitar evolucionar.
Las empresas cambian.
Los mercados cambian.
Los públicos también cambian.
Por supuesto, las identidades visuales pueden necesitar hacerlo.
La clave está en rediseñar con estrategia y no simplemente por aburrimiento.
Un buen rediseño debería responder a una necesidad concreta.
Puede ser mejorar la legibilidad.
También puede servir para adaptar la identidad a nuevos soportes digitales.
Otra posibilidad es actualizar una imagen que ha quedado desfasada.
Incluso puede ayudar a unificar diferentes aplicaciones.
En cualquier caso, cambiar por cambiar rara vez es una buena estrategia.
Lo que estos casos enseñan sobre una marca
Kia nos recuerda la importancia de la legibilidad.
Tropicana demuestra el valor del reconocimiento visual.
Por su parte, Gap enseña que un rediseño también implica gestionar las expectativas y la relación con el público. (theguardian.com)
En conjunto, los tres casos nos llevan a la misma conclusión:
un buen diseño no consiste en hacer algo diferente.
Consiste en tomar decisiones que tengan sentido para la marca.
En Lumazaki no diseñamos logos para que parezcan bonitos
Un logo debería funcionar antes de recibir aplausos.
Debería reconocerse.
También debería adaptarse.
Además, debería tener sentido dentro de la identidad visual.
Y, sobre todo, debería representar a la empresa que hay detrás.
En Lumazaki trabajamos el diseño de marcas desde esa perspectiva: entender primero qué necesita el negocio y convertirlo después en una identidad visual clara, reconocible y coherente.
Porque un buen logo no necesita que alguien te explique por qué funciona.
Lo ves y lo entiendes.
Conclusión
Los peores errores de diseño de logos no siempre nacen de un diseño técnicamente malo.
A veces nacen de algo mucho más sencillo:
no entender qué hacía especial a la marca antes de cambiarla.
Kia, Tropicana y Gap son tres buenos recordatorios de que un rediseño puede tener consecuencias mucho más importantes que cambiar unas letras, un color o un símbolo.
Por eso, antes de rediseñar tu logo, hazte una pregunta:
¿quiero cambiar mi marca porque lo necesita o simplemente porque me he cansado de verla?
La respuesta puede ahorrarte muchos problemas.
Y bastante dinero.
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