La inteligencia artificial no solo está cambiando cómo trabajamos.

También está cambiando algo mucho más profundo: cómo buscamos, encontramos y damos por válida la información.

Y aquí aparece un fenómeno bastante curioso.

En enero de 2026 se descubrió que ChatGPT estaba utilizando Grokipedia como fuente en algunas de sus respuestas. Poco después, también aparecieron referencias a esta enciclopedia generada con IA en otros chatbots como Gemini, Copilot o Claude.

A primera vista puede parecer una simple anécdota tecnológica.

Pero plantea una pregunta bastante más incómoda:

¿Qué ocurre cuando una inteligencia artificial empieza a utilizar como fuente información generada por otra inteligencia artificial?

Y aquí ya no hablamos solamente de tecnología.

Hablamos de confianza, de fuentes, de transparencia y de cómo se construye el conocimiento que consumimos cada día.

¿Qué es exactamente Grokipedia?

Grokipedia es una enciclopedia online desarrollada por xAI, la compañía de Elon Musk, y lanzada públicamente en octubre de 2025.

Su particularidad es que utiliza inteligencia artificial para generar y estructurar sus contenidos, en lugar de funcionar como una enciclopedia colaborativa abierta como Wikipedia.

Y aquí encontramos una diferencia fundamental.

En Wikipedia, los artículos pueden ser editados por colaboradores y existe un historial público de cambios, discusiones y referencias.

En Grokipedia, el proceso de generación del contenido depende principalmente de sistemas automatizados y de la supervisión de xAI. Los usuarios pueden señalar errores, pero no editan los artículos directamente como ocurre en Wikipedia.

Eso no significa automáticamente que todo lo que aparece en Grokipedia sea falso.

Pero sí significa que la forma de evaluar la información es diferente.

Y eso importa mucho cuando esa información empieza a aparecer como fuente en otras inteligencias artificiales.

El detalle que encendió las alarmas

A principios de 2026, distintas pruebas demostraron que ChatGPT podía citar artículos de Grokipedia al responder determinadas preguntas.

The Guardian detectó que GPT-5.2 citaba Grokipedia en varias consultas, incluyendo cuestiones relacionadas con política, economía y personajes históricos. Posteriormente también se encontraron referencias a Grokipedia en otros asistentes de IA.

El problema no es simplemente que un chatbot enlace una página creada por IA.

El problema es otro:

¿qué criterios utiliza para decidir que esa página merece ser una fuente?

Porque una página puede tener apariencia de enciclopedia, estar perfectamente estructurada y ofrecer cientos de referencias.

Y aun así contener errores.

Ese es precisamente uno de los grandes desafíos de la información generada por inteligencia artificial.

El problema de que una IA cite a otra IA

Aquí conviene hacer una distinción.

Que ChatGPT consulte una página generada por IA no significa necesariamente que esté entrenándose con ella.

En los casos investigados, hablamos de sistemas que recuperan información disponible en Internet durante una consulta y pueden utilizarla como fuente para construir una respuesta.

Pero el problema que plantea sigue siendo interesante.

Porque si una fuente generada automáticamente contiene un error y otro sistema la considera suficientemente relevante, ese error puede acabar llegando a millones de personas con una presentación mucho más convincente.

Y ahí aparece un concepto importante:

la autoridad aparente de la información.

Una respuesta bien redactada, acompañada de una cita y presentada por un chatbot que millones de personas utilizan puede parecer mucho más fiable de lo que realmente es.

Cuando el error viene perfectamente empaquetado

Este es uno de los grandes problemas de la IA generativa.

Los errores de una inteligencia artificial no suelen presentarse como errores.

No aparece una ventana diciendo:

“Atención: probablemente me lo estoy inventando.”

La respuesta puede ser clara.

Puede estar bien escrita.

Puede tener estructura.

Puede incluir enlaces.

Y puede sonar completamente segura.

Precisamente por eso, la calidad de las fuentes importa tanto.

En el caso de Grokipedia se han señalado artículos con afirmaciones discutibles, problemas de precisión y determinados sesgos en algunas materias. También se ha cuestionado la transparencia de sus procesos editoriales.

Esto no convierte automáticamente a Grokipedia en una fuente inútil.

Pero sí significa que no deberíamos confundir una fuente bien presentada con una fuente necesariamente fiable.

Y aquí aparece el verdadero problema: el bucle de información

Imagina este escenario.

Una persona publica en Internet una información incorrecta.

Una IA la utiliza para generar un artículo.

Otro sistema encuentra ese artículo y lo utiliza como fuente.

Después un usuario pregunta a un chatbot y recibe esa información.

El usuario confía en la respuesta porque viene acompañada de una referencia.

Y finalmente esa nueva respuesta acaba publicada en otra web.

Tenemos entonces un problema mucho mayor que un simple error.

Tenemos un error que ha ganado apariencia de autoridad.

Cuanto más se repite, más difícil puede resultar distinguir el origen.

Por eso algunos investigadores y analistas han empezado a advertir sobre los riesgos de que los sistemas de IA se alimenten de contenidos generados por otros sistemas automáticos.

¿Qué tiene que ver todo esto con el diseño?

Muchísimo.

Porque cuando hablamos de diseño solemos pensar en colores, tipografías, logotipos, páginas web o carteles.

Pero el diseño también consiste en organizar información para que las personas puedan comprenderla y utilizarla.

Y aquí aparece una cuestión fundamental:

¿Cómo diseñamos confianza?

Una fuente puede tener un diseño impecable y ser poco fiable.

Una respuesta puede estar perfectamente estructurada y contener información incorrecta.

Un gráfico puede ser precioso y presentar los datos de manera engañosa.

Una interfaz puede parecer transparente y esconder decisiones importantes detrás de varias capas.

Por eso, diseñar información no consiste simplemente en hacer que algo resulte fácil de leer.

También implica ayudar al usuario a entender de dónde procede esa información, qué significa y hasta qué punto puede confiar en ella.

La estética de la autoridad

Hay una idea especialmente interesante detrás de todo esto.

Durante años hemos asociado determinados códigos visuales con la autoridad.

Una enciclopedia.

Una universidad.

Un periódico.

Una institución.

Un informe lleno de gráficos.

Una página con muchas referencias.

La inteligencia artificial está cambiando esa relación.

Ahora una respuesta generada automáticamente puede adoptar todos esos códigos en cuestión de segundos.

Puede escribir como un periodista.

Estructurar como un informe.

Citar como una investigación.

Y presentar todo ello dentro de una interfaz limpia y aparentemente neutral.

El problema es que la apariencia de rigor no garantiza el rigor.

Y esto, para quienes trabajamos con comunicación visual, es una cuestión especialmente importante.

Entonces, ¿debemos desconfiar de Grokipedia?

No necesariamente.

Tampoco deberíamos caer en el extremo contrario y pensar que todo contenido generado por IA es basura.

La cuestión es mucho más sencilla:

hay que evaluar las fuentes.

Grokipedia puede ser útil como punto de partida.

Un chatbot puede ayudarte a encontrar información.

Una IA puede resumir un documento en segundos.

Pero cuando la información es importante, conviene comprobarla.

Buscar la fuente original.

Contrastar varias referencias.

Comprobar quién está detrás del contenido.

Y, sobre todo, evitar que una respuesta aparentemente convincente sustituya a la verificación.

El propio ecosistema de los chatbots reconoce esta necesidad: herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot ofrecen sistemas de búsqueda y citación precisamente para poder consultar y contrastar información, aunque eso no elimina por completo el riesgo de errores.

La verdadera revolución no es que una IA cite a otra IA

Quizá este sea el punto más interesante de todo el asunto.

La noticia no debería ser únicamente:

“ChatGPT utiliza Grokipedia.”

La noticia importante es que estamos entrando en una etapa en la que la inteligencia artificial se está convirtiendo en una de las principales puertas de acceso al conocimiento.

Y cuando eso ocurre, las fuentes adquieren todavía más importancia.

Porque si dejamos que los algoritmos decidan qué información vemos, necesitamos saber también cómo se ha construido esa información.

Quién la escribió.

De dónde procede.

Qué fuentes utiliza.

Qué ha sido comprobado.

Y qué parte es una interpretación.

Lo que esto significa para las marcas

Y aquí hay una consecuencia que muchas empresas todavía no están viendo.

Si cada vez más personas utilizan ChatGPT, Gemini, Copilot o similares para buscar productos, empresas, profesionales y servicios, la presencia digital de una marca ya no depende únicamente de Google.

También depende de qué información encuentra la inteligencia artificial sobre ella.

Webs.

Directorios.

Noticias.

Reseñas.

Redes sociales.

Artículos.

Documentación.

Y sí, también contenido generado por otras IA.

Esto significa que la claridad y la consistencia de la información de una marca van a adquirir todavía más importancia.

Una empresa no solo necesita verse bien.

Necesita estar bien representada en Internet.

Y eso empieza mucho antes de diseñar un logotipo.

La lección para el diseño

Este caso deja una enseñanza bastante sencilla.

Durante años hemos hablado de diseñar para las personas.

Ahora también tenemos que entender que parte de la información que diseñamos será interpretada por máquinas.

Una web no solo tiene que ser atractiva.

Tiene que ser clara.

Una identidad no solo tiene que ser reconocible.

Tiene que ser coherente.

Un contenido no solo tiene que estar bien escrito.

Tiene que poder demostrar de dónde procede.

Y una marca no debería limitarse a parecer profesional.

Debería construir motivos reales para ser considerada profesional.

Porque en un Internet cada vez más lleno de contenido generado automáticamente, la diferencia no estará únicamente en quién produce más.

Estará en quién consigue demostrar mejor que aquello que comunica merece la pena ser creído.

En Lumazaki creemos que diseñar también es ordenar la confianza

La inteligencia artificial está cambiando las herramientas con las que creamos.

Pero también está cambiando el entorno en el que las marcas tienen que comunicarse.

Por eso el diseño no puede quedarse únicamente en la estética.

Una identidad visual, una web o un contenido deben ayudar a construir una comunicación clara, coherente y comprensible.

Porque cuando todo el mundo puede generar contenido en segundos, tener algo que decir ya no es suficiente.

Hay que demostrar por qué merece la pena escucharlo.

Conclusión

Grokipedia como fuente en chatbots IA puede parecer una simple curiosidad tecnológica.

Pero en realidad representa algo mucho más grande.

Estamos entrando en una etapa en la que las máquinas no solo generan información.

También empiezan a seleccionar, resumir y redistribuir información generada por otras máquinas.

Y eso nos obliga a hacernos una pregunta que será cada vez más importante:

¿Quién está detrás de lo que creemos saber?

Quizá el futuro de Internet no dependa únicamente de crear más contenido.

Quizá dependa de aprender a distinguir cuál merece nuestra confianza.